Por: Jesús Alberto Sánchez
La historia del universo ha intrigado al ser humano desde siempre y hace que pensemos nuestro paso en este vasto espacio como algo minúsculo, como un grano de arena en una playa, y la fracción de nuestra existencia como algo insignificante comparado con la edad de este viejo cosmos.
Desde nuestros mismos orígenes se acostumbraba a ver al cielo, pues era lo único que se podía ver en la noche, puntos centelleantes en el cielo, unos mas luminosos que otros, pero que se movían de una forma particular en la bóveda celeste.

Así los seres humanos nos dimos una idea de como podía funcionar el cosmos, siempre tratando de explicar lo que se veía, que eran puntos en el cielo muy brillantes que se movían de formas predecibles y otros de formas extrañas.
Con estas ideas pasaron los siglos observando cómo estos puntos brillantes se movían en el cielo y atravesaban el cielo nocturno de oriente a occidente sobre una línea imaginaria que hoy se le conoce como eclíptica, con estas observaciones los antiguos concluyeron que la tierra era el centro de todo lo que veían, del universo entero, esta teoría fue conocida como geocéntrica.
El primero en contradecir este pensamiento general que se tenia del movimiento de los astros en el cielo fue Aristarco de Samos en la antigua Grecia, muchos años antes de Cristo, quien veía las cosas desde otra perspectiva y planteó una teoría heliocéntrica donde propuso que el sol era el centro del universo y que nosotros en nuestro planeta junto con la luna y las estrellas girábamos a su alrededor; idea que según algunos tenía errores y no describía correctamente el movimiento algunas estrellas que giraban de forma extraña.
Como se puede notar en la imagen, algunas estrellas no se movían como las otras, esto hacia pensar a los astrónomos de la época que la teoría era incorrecta.

Las ideas de Aristarco de Samos no fueron muy bien aceptadas en su época pero quedaron escritas para la historia.
Así pasaron mas de mil años, mil años en los que le teoría geocéntrica (la tierra es el centro de universo) reinó en occidente hasta el renacimiento, donde las rutas comerciales propiciaron la conexión de ideas entre oriente y occidente, entre ellas las ideas de los antiguos griegos que habían sido conocidas por los árabes a través de la antigua Bizancio.
Nuevos astrónomos surgieron en este tiempo, entre ellos Nicolas Copérnico quien puso la teoría heliocéntrica de nuevo en la discusión, Tycho Brahe quien con sus magnificas observaciones del cielo y sus mediciones de las trayectorias de los planetas ayudo a Johannes Kepler a entender que los planetas se mueven en órbitas elípticas y no circulares a través del sol y con este planteamiento también se lograba explicar de forma perfecta las trayectorias de los errantes del cielo que intrigaron a la humanidad por tanto tiempo.
Ya en tiempos modernos los humanos seguíamos mirando al cielo en las noches y con el tiempo los telescopios fueron mas grandes y precisos permitiendo ver cada vez más lejos y con mayor claridad, fue entonces cuando los puntos brillantes en el cielo pasaron de ser sólo puntos a planetas con un tamaño observable, color y también algunos de estos con lunas que los orbitaban. Ésta fue la primera vez que los seres humanos nos dimos cuenta que nuestro planeta no es único en el universo y con telescopios más y más avanzados los astrónomos podían adentrarse en el universo lejano, y poner sus ojos en lugares donde nunca se habían podido poner.

Entonces desde las civilizaciones observando el cielo y las explicaciones que se dieron de lo que veían, desde la curiosidad de los seres humanos por entender nuestro lugar en el cosmos y el tamaño de este, desde la teoría heliocéntrica y geocéntrica enfrentadas a través de los siglos y desde los magníficos telescopios que propiciaron una nueva avalancha de descubrimientos y otros mas por descubrir nos planteamos la pregunta: ¿Cómo pasamos de contemplar el cielo a descubrir la expansión del universo?… continuará…

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