La Libreta

Para romper las barreras del conocimiento.

Una pertinente lectura para el movimiento estudiantil colombiano

El movimiento estudiantil que se levantó este año en Colombia principalmente contra el recorte presupuestal del gobierno nacional a la universidad pública es muy valioso pero le hace falta mucho para convertirse en el tipo de movimiento que se necesita, no sólo para reclamar las exigencias de la negociación, sino para hacer que las universidades dejen de ser un instrumento de formación de mano de obra calificada siempre a disposición para satisfacer los intereses de los capitalistas nacionales y del mercado internacional. Una universidad pública pero al servicio del pueblo sólo se construye si todos sus miembros dejan de lado el pragmatismo típico del movimiento, elevan su conciencia política, hacen una caracterización de su país y el mundo y aplican el principio básico de conocer primero para poder transformar.

  • Un análisis serio y riguroso de las transformaciones de la universidad no puede hacerse al margen de las modificaciones del capitalismo ni de la implantación de la lógica mercantil. Si no se hace así, difícilmente puede entenderse lo que sucede hoy en el mundo universitario, puesto que éste no se comprende en sí mismo. Debe recordarse que la universidad está ligada en forma directa al capitalismo, bien como “aparato ideológico de Estado”, como un dispositivo que garantiza la reproducción social del capital, como productor de fuerza de trabajo calificada para el mercado capitalista o como formadora de “cuadros” de las clases dominantes (como los miembros del Centro Democrático).
  • Esta crisis no es sólo presupuestal y se produce en buena parte por la mercantilización de la universidad pública, materializada en la acelerada desfinanciación que se remonta a la ley 30 de 1992 en el marco de la “apertura económica”. Las órdenes vienen “desde arriba” a través de la infame Declaración de Bolonia de 1993 y de la European Round Table of Industrialist tres años después, que agrupó a los ejecutivos de las multinacionales más importantes del mundo y anunciaron explícitamente al servicio de quién se busca que esté la universidad. El Banco Mundial, la UNESCO, la ONU, entre otros, tienen el objetivo de reducir la educación superior a un mercado donde impere la competencia, la maximización del lucro, la proletarización docente y el sentido común neoliberal, lo cual se tradujo en Colombia en el “acuerdo por lo superior 2034” y otras nauseabundas normativas por el estilo. A pesar de este panorama, de manera hipócrita el anterior inquilino de la Casa de Nariño anunció con bombos y platillos que Colombia tendría el mejor sistema educativo de América Latina en el 2025 y alcanzaríamos a Finlandia en el 2042. ¡No dice que nuestra educación será similar a la que tenía Finlandia en el siglo XIX!
  • Las evidencias empíricas muestran que estamos asistiendo a la consolidación de un modelo de universidad que se replica como un clon por todo el mundo, donde la lógica dominante de la ganancia a costa de lo que sea, convierte el saber en una fuente de valorización del capital. La educación que se transforma en una mercancía se materializa en la venta de títulos universitarios, de cursos, de textos, de programas informáticos, de capacitación a distancia, de módulos, etc. Es una mercancía singular, que se produce en esa “fábrica del conocimiento” que es la universidad, flexible y subordinada al mandato de los mercados y de los bancos, es decir, a diversas fracciones del capital.
  • En la nueva división internacional del trabajo educativo, la consolidación de la universidad mercantil no respeta fronteras, etnias, ni religiones pero se pueden diferenciar dos formas predominantes de universidad, que son complementarias: la universidad empresarial de élite, que tiene sus sedes principales en los países capitalistas centrales, junto con un remedo de la misma que se copia en los países periféricos e instruye a las clases dominantes locales; y la universidad de maquila, predominante en la periferia, como Colombia, que capacita fuerza de trabajo en concordancia con una economía especializada en producir materias primas y en ser la sede de las maquilas ensambladoras de las multinacionales. Por esto no es descabellado pensar que la UIS se haya establecido alianzas con multinacionales tan criminales como Minesa y conserve y refuerce lazos con otras en el sector petrolero, incluyendo a Ecopetrol, a quien ha ayudado a taparle los derrames y ecocidios. No sería raro que incluso la UIS tuviera un papel importante en el desarrollo del fracking en la región, aun sabiendo las consecuencias que traerá para los ecosistemas y el suministro de agua potable para millones de personas.
  • En la “sociedad del conocimiento” supuestamente los “servicios” de producción, circulación y consumo de información habrían reemplazado la agricultura y la industria. Como información es sinónimo de conocimiento, a partir de esta confusión consciente y premeditada se pretende que la mercancía fundamental que vende la universidad de nuestro tiempo sea precisamente la información. De ahí el culto que se despliega entre los teóricos de la información a los artefactos microelectrónicos como la panacea milagrosa que va a solucionar los problemas de la educación y va a irradiar saber, como maná caído del cielo, a través del flujo de electrones del mundo virtual que circula a través de internet y de las mal llamadas “redes sociales”.
  • En la universidad mercantil, que nace en USA, se resalta la fusión, dominada por la lógica capitalista, entre universidad y empresas, con la finalidad de que la primera sea una simple caja de resonancia de los intereses de estas últimas, para que, como dice la retórica en boga, los conocimientos sean inmediatamente útiles y generan rentabilidad al mercado. Este proceso gradual de mercantilización ha producido tres universidades en el seno mismo de la universidad pública: La universidad del pregrado (pública), la más abandonada y deteriorada; la universidad de los posgrados (privada), que se financia con la matrícula, venden bienes y servicios; y la universidad de extensión (privada también), que ofrece todo tipo de cursos como idiomas, realiza contratos con  empresas dedicadas a la producción minero-energética y demás intereses del mercado internacional.
  • Se proclama una educación de clase, claramente segmentada, porque se anuncia que unos sectores sociales deben dedicarse al trabajo (alienado), la mayoría, y una exigua minoría debe cualificarse para dirigir la sociedad y la economía. La formación para el trabajo alienado es una exigencia del capitalismo, y a ello tiene que adecuarse la universidad, que prepara a los individuos para que sean dóciles y obedientes, y estén capacitados para responder a las competencias que pide el mercado. Por eso, es necesario que la universidad los prepare en poco tiempo y los adiestre en las competencias que les permitan ser trabajadores flexibles, polivalentes y desprovistos de cualquier atisbo de formación crítica.
  • En el terreno de la nueva lógica discursiva que acompaña a la universidad mercantil se da la imposición de una jerga de tipo corporativo en la educación. Esta retórica tiene cuatro influencias principales: la jerga neoclásica (neoliberal); el vocabulario gerencial; el lenguaje pretendidamente pedagógico; y la basofia de la superación personal. Estas múltiples influencias terminológicas no funcionan por separado, sino que están íntimamente relacionadas, para originar una nueva lengua de la educación en la universidad, que soportamos a diario, cuando se habla de competencias, eficiencia, productividad, excelencia, educación a lo largo de la vida, aprender a aprender, coaching…, que han originado un nuevo sentido común en el ámbito universitario.
  • Para consolidar la universidad mercantil se han requerido de una serie de cambios, que incluyen las cuatro máscaras que usa la mercantilización educativa, con el fin de camuflar y hacer más presentable la venta de mercancías y la obtención de ganancias: 1) La de la reforma y la modernización, donde reforma ya no es sinónimo de avance sino una justificación de la privatización, el aumento de matrículas, el cobro de los servicios que ofrece la universidad, la diferenciación entre pregrados y posgrados, la subordinación de las universidades a las empresas, y un largo etcétera. 2) La máscara privatizadora que puede ser abierta (conversión de los activos públicos de una manera directa y brutal) o dulce, que es la preferida en las universidades porque se hace de forma gradual y efectiva, a pesar de la resistencia coyuntural del movimiento estudiantil. 3) La máscara investigativa, con la que se venden mercancías de muy diversa procedencia a partir del discutible criterio de la productividad, que es prototípico del capitalismo académico, en el cual los investigadores, so pretexto de ser funcionales al mercado y las empresas, se pliegan a lo que las corporaciones necesitan, con lo cual también se segmenta el mundo de los investigadores, incluyendo la desaparición de muchos de los buenos por no hacer investigación “pertinente con su contexto”. 4) La máscara tecnológica donde se exige una rápida y efectiva contrarreforma educativa y pedagógica que acabe de expropiar a los profesores de sus saberes, para que ahora queden en manos de los tecnócratas que manejan las famosas nuevas tecnologías de la información.
  • La evaluación como instrumento central para mercantilizar la educación alude a los mecanismos de control y fiscalización que se imponen en el seno de las universidades y que afectan a todos los estamentos, cuyo origen nos conduce al terreno del determinismo biológico y del racismo, en los cuales se siguen sustentando las evaluaciones que se les imponen a los estudiantes y se han convertido en una práctica universal, como las Pruebas PISA. Con la evaluación se pretende medir en forma cuantitativa el rendimiento y la productividad de las universidades. El resultado es perverso, porque se ha impuesto una simulación generalizada y una corrupción interna para alcanzar los estándares cuantitativos que se exigen, para que una institución sea reconocida como de gran nivel y se sitúe en los primeros lugares del ranking educativo nacional y mundial. A los profesores e investigadores se les exige productividad, medida en artículos en revistas indexadas, con lo que se produce una explosión de publicaciones, la mayor parte de las cuales nadie lee y no tienen mucha utilidad para el trabajo académico y docente, pero que si generan una diferenciación interna en el seno del profesorado.
  • En el inframundo de la universidad mercantil, del que nadie habla, como si no existiese, está la flexibilización docente y de explotación intensiva del “proletariado cognitivo”, quienes viven una doble proletarización: técnica e ideológica, que cada vez los acerca más a los proletarios de otros sectores de la economía capitalista.

La universidad mercantil no es otra cosa que la universidad de la ignorancia. La cuestión del presupuesto es lo de menos cuando perdimos el control de qué, quiénes, cómo y cuándo estudiamos e investigamos.

Les comparto el link del libro completo: LA UNIVERSIDAD DE LA IGNORANCIA

Una respuesta a «Una pertinente lectura para el movimiento estudiantil colombiano»

  1. Avatar de Juan Bond
    Juan Bond

    En verdad este libro es una maravilla. Muchas gracias por compartir. Saludos desde México.

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