En estas últimas semanas la humanidad encontró en la Huelga Mundial por el Clima un nuevo criterio de polarización y terminó segmentada cuatro bandos: Quienes no quieren saber nada del tema ni volver a ver a Greta Thunberg; quienes caían un poco más en depresión con cada espeluznante cifra; quienes se sacudieron del conformismo y empezaron a organizarse y, como siempre, no falta la gente a la que le importa un comino lo que pase porque tienen la sensibilidad de un iceberg.
Pero… ¿qué tan cierto es todo esto? ¿Se justifica tanto alboroto?
No lo dude. De hecho, Greta no es la primera niña que se manifiesta en torno a la emergencia ambiental y desde hace décadas se escuchan las alarmas desde la deforestada selva sudamericana, los desiertos de África o la convulsionada Europa de la segunda guerra mundial. Lo que pasa es que el problema se agudizó tanto que estamos alcanzando un punto de inflexión con consecuencias que amenazan la vida en el planeta, incluyendo la nuestra.
Escenas tan desgarradoras como éstas se están volviendo comunes y a muy poca gente parece importarle que desaparezcan los osos polares o la misma humanidad en lo que se configura como la sexta extinción masiva, con la particularidad de que su causa es generada por una especie y no por la dinámica del mismo planeta o el cosmos, como ocurrió en los anteriores cataclismos.
¿Qué carajos está pasando con el mundo?
Hagamos un breve diagnóstico:
- El ritmo de extinción es 10000 veces más rápido de lo normal, como resultado de la brutal explotación animal en que se basa la producción capitalista y la desaparición o contaminación de sus hábitats.
- Los veranos cada vez más cálidos convierten en desiertos vastas superficies de tierras anteriormente fértiles y ocasionan un efecto cascada que alteran todos los ecosistemas. ¿O quién no ha sentido ese calor tan hijueputa desesperante en tiempos donde debería estar lloviendo?
- Fusión de los casquetes polares y glaciares que destruye la dinámica de la cadena trófica de los animales que allí habitan, eleva el nivel del mar, reduce la capacidad de reflexión de la radiación solar a medida que desaparece la nieve y aumenta la temperatura de los océanos que de por sí ya absorben el 93% del calor.
- Aumento de incendios forestales como consecuencia de la expansión agrícola por parte de criminales godos ganaderos y traficantes empresarios de la madera, causando una pérdida incalculable de árboles y animales salvajes, así como también del hogar de poblaciones ancestrales que poco han podido hacer frente a la maquinaria fascista de Bolsonaro y otros de su calaña clase.
Faltaron por mencionar las súper tormentas, las brutales inundaciones, las heladas en países del norte, los tornados cada vez más implacables e impredecibles, el aumento de regiones inhabitables o el derretimiento del permafrost y la aparición de nuevas enfermedades, pero los traumatizo la lista es muy larga y falta lo más importante:
¿Somos todos los humanos culpables de todo esto? ¿Merecemos una extinción dolorosa?
Definitivamente ¡NO! Algunos sí. Algunos círculos académicos y políticos le han llamado a esta era el Antropoceno pero hay que tener mucho cuidado porque implica culpar a toda la humanidad de lo que ha hecho un sistema específico en un momento relativamente corto de la historia y nos han hecho creer que somos ecocidas por naturaleza pero ese tal paro carácter ecocida no existe.
El profesor Renán Vega Cantor afirma categóricamente que “quienes hablan de Antropoceno nos endilgan a todos los humanos un carácter ecocida, al margen de cualquier consideración histórica, para salvar de responsabilidades a una relación social específica e históricamente constituida, como es el capitalismo, que existe hace muy poco en la historia humana, pero cuya acción destructiva no tiene parangón, porque el capitalismo es como un meteorito, que aniquila lo que encuentra a su paso”. En su último libro, El Capitaloceno, advierte que en estos momentos el capitalismo enfrenta una crisis civilizatoria (sistémica y cíclica pero diferente por su naturaleza y profundidad) que integra una crisis económica, energética, ambiental, alimentaria, hídrica y un trastorno climático sin precedentes.

¿Qué tiene que ver el capitalismo en todo esto?
Su lógica de la ganancia, de la acumulación sin límite, de sobreproducción, del pretendido crecimiento infinito en un planeta finito, del desarrollo de las fuerzas productivas-destructivas, de mercantilizar y traficarlo todo, generando explotación sin límites, opresión sobre quienes se oponen a este absurdo y degradación social al punto de crear reggaetón seres humanos a imagen y semejanza del sistema perverso que los alimentó a cucharadas de mentiras desde su niñez.
Estas reglas de juego que hacen parte de la naturaleza del capitalismo se mueven desde lo que Engels llamó “anarquía de la producción” es lo que genera una competencia a muerte entre los grandes bloques imperialistas y sus corporaciones porque sólo tienen dos opciones: Expandirse o morir. Esto explica por qué ni Trump, ni Putin, ni los chinos o lo árabes dan el brazo a torcer en las cumbres en que han participado. En términos económicos, disminuir la cantidad de CO2 emitido a la atmósfera implica necesariamente frenar parte de la producción y, por lo tanto, bajar las ganancias, perder posibles mercados que otros pueden conquistar y quedar en desventaja frente a sus rivales. Ninguno de ellos va a pagar por algo que no le produzca ganancia sino pérdida.
Son esas lógicas las que deben ser modificadas, si se quiere imaginar un futuro para la humanidad y las demás especies. De no ser así, las perspectivas van a ser tan sombrías, como tenebroso es nuestro presente, dice Renán.
Carajo, ¿Pero no es posible detener la crisis ambiental de una manera más fácil? Mire que ya dejé de usar pitillos, empecé a montar bici y voy a votar por el de Petro…
Prepárese para un golpe sin anestesia: Ninguna solución individual y aislada tiene la capacidad de acabar con un sistema que funciona globalmente, haciendo que sólo un proceso colectivo y con carácter internacionalista que apunte a la raíz del problema sea la solución. El resto son pajazos mentales vanas ilusiones. Ojo, es necesario que las personas conscientes practiquen nuevas formas de relacionarse con el mundo y sean consecuentes pero también congruentes con el enemigo al que se tienen que enfrentar y no aprender a convivir con él consumiendo ‘tecnología verde’, cayendo en su infinidad de variantes de ‘green-washing’ y creyendo firmemente que esto está cambiando al nivel y a la velocidad que se necesita.

¿Por qué es tan pesimista? ¿No ve que ya al menos dejaron hablar a Greta y cada vez más gobiernos van a entrar en los acuerdos?
Personas como Greta tienen una intención sincera, pero son utilizadas por los dueños de la economía y sus representantes en el gobierno para hacernos creer que tomar medidas más contundentes en el marco del sistema es suficiente. Las conferencias y cumbres mundiales sobre el clima son un circo mediático donde los que están en el poder construyen un consenso tan efectivo como pretender el apagar un incendio con un escupitajo. Cualquier ley del medio ambiente aprobada por un gobierno bajo el capitalismo siempre será limitada y parcial, estará bajo ataque constante y será confinada a los países dominantes, mientras la contaminación y la destrucción continúan en los países como el nuestro que ellos consideran su patio trasero.
La noción del desarrollo sustentable es otra “muletilla del arsenal lingüístico” de los voceros del capitalismo contemporáneo, con la pretensión de conciliar la acumulación de capital con la preservación de los ecosistemas pero este antagonismo es irresoluble. No podemos confiarle el cuidado del planeta a sus verdugos. Y ese corrimiento a la derecha del espectro político o la creciente fascistización del mundo, propia del capitalismo cuando está en crisis, nos advierte que se están preparando para reprimir cualquier acción que decida tomar la gente organizada para combatir las consecuencias inclementes de la emergencia ambiental.
Bueno, si ya todo valió madres igual podemos escapar del planeta…
Si tienes 500 millones de dólares en la cuenta. El fenómeno del “antropofugo” se nos ha ido vendiendo en los últimos años como la solución a un planeta cada vez más hostil para la vida. Actualmente ni se sabe dónde ni cómo llegar a destruir colonizar un nuevo mundo o siquiera si sea posible. La cuestión es de tipo moral si nos planteamos salvarnos individualmente y condenar a la extinción a los que quedan.
¿Aún se puede hacer algo?
Está todo por hacer. Es cierto que, aunque las emisiones se detengan ahora, el planeta sufrirá las consecuencias durante décadas y la extinción de muchas especies es imparable. Pero el panorama será peor si permitimos que los acontecimientos sigan su curso. Nos enfrentaremos inevitablemente a la extinción y no hay manera de predecir qué será del mundo después de alcanzar el temido punto de no retorno, que los modelos pronostican aproximadamente en 10 años a este ritmo.
Millones de años de evolución van a ser tirados a la basura por un sistema obsoleto y ruin del que solo se beneficia el 1% de la humanidad mientras al resto la entretienen con migajas, fútbol y redes sociales.
¿Por dónde empiezo?
Sean conscientes de que para transformar hay que conocer primero y el pragmatismo (hagamos, hagamos) no sirve si no se ha hecho un esfuerzo previo para caracterizar e identificar el enemigo. Como punto de partida, plantea Renán, está la necesidad de cambiar las relaciones sociales dominantes, esto es, el capitalismo. Quien no quiera hablar de capitalismo, que no hable de calentamiento global o vuelco climático. Reconocer esto ya es ganancia porque despeja del camino los sofismas de distracción y nos alumbra la raíz del problema hacia donde hay que construir la estrategia colectiva.
Somos la primera generación de la historia que entiende perfectamente lo que está pasando y posiblemente seremos la última que pueda evitar la catástrofe hacia la que nos dirigimos. Recuerden que somos la única especie con la capacidad de entender lo que el capitalismo le está haciendo al hogar de todos y la única con la capacidad de resolverlo.

Les dejo el pdf del libro en el que se basó este post. Nos vemos en las calles 👊


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